Las palabras.

bendicen o maldicen

Las palabras

¿Qué palabras usas frecuentemente?

Las palabras tienen su impacto bueno o malo. Con tus palabras puedes dañar o edificar, destruir o bendecir.

 

Las palabras: Como sabes, hay palabras que hieren y otras que elevan.

Al comunicarte ¿lo haces en forma positiva?

¿Tratas siempre de mirar lo bueno?
¿Tratas de no dañar a las personas que te rodean en la vida?

Muchas veces tenemos momentos de enojo. Es difícil mantener la calma en ciertas situaciones. Es allí donde cometemos el error de decir palabras ofensivas e hirientes.

No olvides que “las palabras pueden doler mucho más que los golpes”

Aquí va un relato que me gustó para dar un ejemplo de cómo, puede impactar lo que decimos.


El poder de la palabra:

Un Sultán soñó que había perdido todos sus dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

-“¡Qué desgracia, Mi Señor!”, dijo el sabio. “Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.”

-“¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Castigadle!”, gritó el Sultán enfurecido.

Más tarde, el sultán consultó a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

-“¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes.”

El semblante del Sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que dieran cien monedas de oro al sabio. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

-“¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero se le pagó con un castigo y a ti con cien monedas de oro.”

El segundo sabio respondió:

– “Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.”

Las palabras que se dicen

Las palabras tiene valor

Recuerda que el modo con que dices algo, o el tono con que lo emites, puede dañar o endulzar un corazón.

Reflexiona:

Si estás ofuscado, ¿puedes medir tus palabras?

¿Reconoces tus errores?

¿Tienes el mal hábito de comunicarte ásperamente con quienes te rodean?

¿Tratas de ser amable con los demás, o reflejas la ira que llevas dentro?

Cómo hablas a los demás

Palabras

Es muy común expresar “digo lo que pienso”. Como si tal pensamiento tuviera el derecho de ser comunicado salvajemente. Sin importar el daño que causemos. Sin tener piedad, o encontrar la manera más suave posible de opinar…

“Digo lo que pienso” luego pasa a ser “Lo dicho, dicho está”

No hay vuelta atrás, no podemos borrar una herida. Solo nos queda sanarla, y no siempre cicatriza rápidamente.

Evita ser agresivo. Cultiva el don de la paciencia. Trata a otros como te gusta que te traten a tí.

Puedes ser honesto, puedes expresar lo que piensas. También puedes encontrar la mejor manera de hacerlo.

Las palabras tiene poder…. y tú tienes el poder de cómo utilizarlas.

Comparto también el siguiente relato que nos deja una enseñanza al respecto.


Lo mejor y lo peor del mundo:

Después de salir  victorioso en una batalla, un poderoso rey, llamado Abadusia se vio dueño de un gran grupo de cautivos que  habrían de servirlo.

– Son todos apuestos y fuertes (le dijo a la reina)

– Dices bien mi rey (le respondió la soberana)

– Pero, si todos parecen igualmente fuertes e inteligentes, ¿cómo haremos para escoger uno que nos sirva personalmente? se preguntaba el rey.

Entonces llamó al hombre sabio del reino y le preguntó:

– ¿Cómo podemos elegir el mejor entre tantos cautivos?

– Es ciertamente una tarea difícil (replicó el sabio)

– Pero se puede llevar a cabo. Obsérvaos cuidadosamente, y escoge uno cuyos pies sean tan rápidos como los de la gacela, cuyos ojos sean tan aguzados como los del águila, y cuya voz sea tan suave como la de un manso cordero. Y para probar su inteligencia envíalo a comprar lo mejor y lo peor del mundo.

El rey comprendió el consejo del sabio y vio que era bueno, y decidió ponerlo a la práctica.

Entre tanto, se había corrido la voz entre los cautivos, de que el rey y su dulce reina escogerían  a uno de ellos para su servicio personal, por lo cual todos se afanaban tratando de complacer a los monarcas con la esperanza de ser favorecidos en la elección.

El rey los observaba mientras iban de acá para allá haciendo sus tareas, o hablaban entre sí. Un día notó que había uno de ellos que parecía más alto que los demás y cuyo paso era más ligero  y seguro, tenía ojos con mirada aguzada y cuando hablaba, su voz parecía el soplo de una brisa de verano.

El rey llamó al joven a su lado y lo mandó al mercado diciéndole que comprara allí lo mejor del mundo.

Al poco rato, el cautivo volvió llevando en sus manos  una lengua.

– ¿Por qué has traído esto? preguntó el rey.

– Su majestad, de la lengua viene todo lo bueno, y no hay nada que se le pueda comparar cuando habla palabras de rectitud y sabiduría, toda bondad, todo el amor, toda la dulzura del mundo, están encerrados en la lengua del hombre.

Muy complacido, el soberano mandó al joven a buscar, ésta vez, lo peor del mundo. No pasó mucho tiempo antes de que el cautivo volviera…. ¡llevando otra lengua!

Pensaba que ya estaba burlándose de él, el monarca le dijo muy enojado:

– ¿Qué significa esto?, te envié al mercado a buscar lo mejor del mundo y me trajiste una lengua. Me diste una explicación que me satisfizo, y por lo cual pensé que eras inteligente. Pero ahora te envío a buscar lo peor del mundo y me traes otra lengua? ¿Qué explicación tienes a esto?

– Majestad, (replicó respetuosamente el cautivo) la lengua también es lo peor del mundo, cuando calumnia, cuando ofende, cuando pronuncia vilezas y maldad, no hay nada que se le compare. Todo el odio, toda la bajeza, toda la crueldad del mundo, están encerrados en la lengua del hombre.

El rey y la reina se quedaron asombrados con la sabiduría y la inteligencia del joven cautivo, que desde aquel día, los sirvió a los dos con devoción, amor y honradez.

 

Palabras que hieren

Las palabras que dañan

 

Sé cuidadoso con tus palabras. Comunícate de manera prudente y con respeto, encuentra el modo de “Decir lo que piensas”

 

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1 comentario en “Las palabras.

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