En medio de las olas

Muchas y variadas son las tormentas cuando la vida se vuelve tempestuosa y nos encontramos en medio de olas gigantescas que amenazan con tragarnos.

Las olas

Podemos comparar nuestra vida, por un momento, como el mar… Muchas veces nos encontramos entre furiosas olas que nos arrastran y pretenden apoderarse de nosotros.

¿Qué hacemos entonces? Nos subimos a ella y no permitimos que nos hundan o nos dejamos arrastrar y vencer?

Quizás estemos en un período de la vida  donde la tranquilidad y el equilibrio nos mantienen en armonía  y satisfacción. Permanecemos allí, quietos, estables, confiados, creemos tener la felicidad de nuestro lado y estamos llenos de optimismo!

Somos capaces de sobrellevar algunos percances que a veces  incomodan y perturban un poco nuestra estabilidad, aún así, los superamos sin demasiada dificultad.

Acontece que un día, en este mar tranquilo de la vida, se desata una tempestad y somos golpeados abruptamente por olas que  agitan y agotan nuestras fuerzas, rompiéndonos además el corazón!

Lluvias de dolor  nos empapan y nos hallamos indefensos en medio de ese mar embravecido. Llenos de angustias y  temor  no logramos encontrar la ribera, donde estar a salvos  y pareciese que seremos absorbidos por las profundidades.

Así acontece en la vida cuando llegan las duras pruebas y sucede que no siempre estamos preparados para afrontarlas, ni estamos dispuestos a aceptarlas! Comenzamos a quejarnos y preguntarnos el por qué?!!!

Nos angustiamos, desanimamos y perdemos la fuerza espiritual  ¿Cómo salir de algo que parece atentar contra nuestra propia alma? ¿Cómo soportar un dolor inesperado luego que la vida nos sonreía?

Nos encontramos avasallados por el miedo y desprotegidos. La desesperación quiere atraparnos sin misericordia ni compasión.

En medio de la mar, perdidos, cansados de luchar contra la corriente, debilitándonos poco a poco, pero aún así, tratando de salvarnos tomando nuestras esperanzas como salvavidas…

Es que justamente allí, en esos terribles momentos,  cuando nos sentimos tan pequeñitos y vulnerables que  buscamos dentro de nuestro ser “esa fe”, esa luz de esperanza que tan guardadita teníamos. La que seguramente no le dábamos  valor porque no la precisábamos,  ya que todo iba bien. De repente la necesitamos y mucho!. Comprendemos que sin fe no podremos avanzar ni salir  airosos de la tormenta.

Si bien nos sentíamos agradecidos,  nunca imaginábamos cuán fuertes podríamos llegar a ser antes semejantes oleadas. ¿Acaso sabíamos como enfrentaríamos y actuaríamos cuando las tormentas de la vida llegaran?

Pero el momento de ser probados se nos ha presentado: Nos dejamos vencer o por el contrario, nos resistimos a nadar y somos nuestros propio obstáculo? ¿Preferimos permanecer en la oscuridad en medio del mar, perdiendo las energías en negarnos a seguir, o nos aferramos a esa fe que allí permanecía  en nuestro interior? Tal vez no la hemos alimentado  cada día para  estar fortalecidos en  momentos difíciles como éstos, que a veces surgen.

¿Será que sólo las pruebas nos conmueven y nos acercan más a Dios? ¿Será que el dolor tiene el poder de hacernos más humildes, fuertes  y reconocer  que solo la fe en Él puede rescatarnos?

Sin darnos cuenta hallamos en nosotros capacidades que ni conocíamos y que nos ayudan a nadar aún cuando el océano pretende destruirnos.

Aprendemos en dichas ocasiones a dominar las olas. Aunque nos deslicen una y otra vez, nos arrastren, e intenten derribarnos.

Amarrados a nuestra fe, fundidos en ella  es como salimos poco a poco de entre las bravas olas. Será la que nos impulse a continuar en la lucha sin perder la sintonía, hasta que todo se disipe y el agua retome la calma.

Deseo en mi corazón que cada uno podamos conservar la tranquilidad necesaria  y tomemos las pruebas como “un RETO” para medir nuestras fuerzas y nuestra fe. Es así como saldremos victoriosos para continuar la travesía que en distintas ocasiones de la vida puede volver a tornarse adversa y amenazante.Las olas

Sin duda en cada nueva prueba que nos toque enfrentar estaremos más preparados para sucumbir a dichas tempestades. Podremos ser  tan fortalecidos que aún los tsunamis de la vida no lograrán aplastarnos.

Si el pánico nos aprisiona, recordemos que nunca estamos solos, que en nuestro interior hay una fuerza que nos testifica palpitante la existencia de un gran creador que nos ama y que si bien no nos quita esas pruebas, nos ayudará a soportarlas y nos extenderá su  mando cuando  ya no podamos solos. Nunca nos dejará hundir.

Sólo espero que aceptemos los retos de la vida, ya que éstos harán de nosotros un ser valioso y pulido, un alma victoriosa y luchadora, lo que Él espera.

Las olas

Para muchos soplarán vientos fuertes para otros más leves. Algunas  situaciones serán más difíciles que otras y no sabemos cuando pueden llegar, simplemente llegan! Y debemos estar preparados.

¿Cuál es nuestro cimiento? ¿Sobre arena o sobre roca? Analicemos  si nuestras bases son sólidas o movedizas como arena.

Comencemos a edificarlos desde ahora para que nada pueda tirarnos abajo en tiempos de tempestades. Ya sabes que luego de cada tormenta el sol vuelve a brillar.

 

La meta es salir beneficiados de las dolorosas experiencias. Las que nos transforman y hacen fuertes, nos hacen madurar y nos dotan de más sabiduría cada vez.

Cuando hablamos de ser optimistas aún en medio de las dificultades  no significa que no seamos  realistas con  lo que sucede, no es “no ver el problema”  sino tener la visión de superación, la fe para soportar calmadamente, la virtud de la paciencia, la confianza y la voluntad para salir adelante, rescatando el aprendizaje que nos dejó tan experiencia.

Las olas

 

 

 

 

 

 

Compartir en:

6 comentarios en “En medio de las olas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.